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01 Noviembre 2026

Magic Arctic Tour 2026: diez días y 1.200 kilómetros por el Ártico

Pesca al atardecer durante la expedición Magic Arctic Tour 2026

Fiordos, ríos, kayak, pesca, trekkings, tundra, renos y auroras boreales en un viaje de diez días por algunos de los paisajes más salvajes del norte de Escandinavia.

A finales de agosto pusimos rumbo al norte con algunas ideas claras, bastante material en el equipaje y margen suficiente para ir decidiendo sobre la marcha. El resultado fueron diez días y alrededor de 1.200 kilómetros recorriendo el Ártico, desde la costa y los grandes fiordos del norte de Noruega hasta la tundra del interior y la Laponia finlandesa.

No buscábamos seguir un itinerario cerrado. Queríamos navegar, pescar, remar, caminar y aprovechar las posibilidades que fueran apareciendo por el camino. Y aparecieron muchas más de las previstas.

Hubo jornadas en kayak, navegación entre montañas, trekkings por la tundra, pesca en ríos, lagos y fiordos, temperaturas de apenas unos grados en el interior, encuentros con renos y algunas decisiones tomadas prácticamente de un día para otro.

Y hubo noches. Noches que acabaron convirtiéndose en una parte fundamental del viaje, con las primeras auroras apareciendo tímidamente sobre el horizonte y otras que terminaron ocupando buena parte del cielo.

Pero para llegar a todo eso había que empezar por algún sitio.

Tromsø y rumbo al fiordo de Lyngen

La entrada al Ártico fue Tromsø, al norte de Noruega. Desde allí recogimos la autocaravana que sería nuestra casa durante buena parte del viaje y comenzamos a movernos hacia el este.

No tardamos demasiado en dejar atrás la ciudad. Nuestro primer gran objetivo estaba en el fiordo de Lyngen, un enorme brazo de mar rodeado de montañas que prácticamente nacen desde el agua.

La primera parada importante fue Skibotn, desde donde empezamos a explorar la zona. El paisaje ya justificaba el desplazamiento: agua, montañas, pequeñas poblaciones dispersas y esa sensación de amplitud que acabaría acompañándonos durante buena parte del viaje.

Pero no habíamos llegado hasta allí únicamente para mirar el fiordo desde la orilla.

Fiordo de Lyngen rodeado de montañas en el norte de Noruega

Lyngen: salir a pescar entre montañas

Conseguimos alquilar una pequeña embarcación y salir a navegar por el fiordo. Y aquello cambió por completo la perspectiva del lugar.

Desde el agua, las dimensiones de Lyngen se entienden de otra manera. Las montañas rodean la navegación, las distancias engañan y cualquier punto de la costa que parece cercano termina estando bastante más lejos de lo que aparenta.

La pesca formaba parte de los planes y pronto empezaron a aparecer los primeros bacalaos, caballas y carboneros. Pero casi daba igual que hubiera una caña en la mano: navegar por aquel escenario ya era suficiente motivo para pasar horas en el agua.

Aquella primera experiencia en Lyngen acabaría teniendo más importancia de la que pensábamos. Tanto, que varios días después, cuando el viaje estaba prácticamente terminando, cambiaríamos nuestros planes para regresar al fiordo y salir con la barca una vez más.

Pero todavía quedaban muchos kilómetros antes de volver.

Pesca de bacalao en el fiordo de Lyngen, norte de Noruega

Alta: hacia el interior del norte de Noruega

Dejamos atrás Lyngen y continuamos viaje hacia Alta, cambiando poco a poco los grandes fiordos por un paisaje diferente. Allí teníamos marcadas varias cosas, pero una destacaba especialmente: conocer el río Alta y uno de los grandes cañones del norte de Europa.

Antes de meternos en el agua quisimos verlo desde arriba.

El Alta Canyon es uno de esos lugares en los que las fotografías tienen dificultades para explicar la escala. El río aparece encajonado muy abajo, serpenteando entre enormes paredes y extensiones prácticamente deshabitadas. Llegar hasta uno de sus miradores nos permitió contemplar desde las alturas parte del territorio que al día siguiente conoceríamos de una manera completamente distinta.

El recorrido también nos dejó algunos de esos pequeños detalles que forman parte del camino: vadeos descalzos para cruzar los cursos de agua, arándanos silvestres que íbamos encontrando durante la marcha y muchos renos a nuestro alrededor.

Después de recorrer el cañón desde las alturas, todavía nos quedaba conocer el río Alta de una forma completamente diferente. Al día siguiente cambiaríamos las botas por los kayaks.

Cascada en el cañón del río Alta, rodeada de paisaje otoñal en el norte de Noruega.Vista del cañón del río Alta entre grandes paredes rocosas y bosques de otoño en NoruegaVadeando descalzos uno de los ríos durante el trekking por el cañón del río Alta, en el norte de Noruega.

25 kilómetros en kayak: del río Alta al fiordo

Al día siguiente cambiamos las botas por los kayaks. Alquilamos dos embarcaciones y comenzamos descendiendo unos 10 kilómetros por el río Alta, hasta alcanzar su desembocadura.

Desde allí continuamos por el fiordo, entre islas y pequeños acantilados, hasta llegar al puerto de Alta. En total fueron aproximadamente 25 kilómetros de travesía, primero con la corriente del río y después a fuerza de pala por las aguas del fiordo.

Llevábamos también algo de material de pesca e hicimos algún intento durante el recorrido, aunque desde aquellos kayaks, bastante inestables, resultaba complicado. Finalmente sería ya en el puerto donde conseguimos sacar algunos carboneros y caballas desde los diques.

Una jornada sencilla en planteamiento —remar y remar— pero una de las mejores formas de conocer Alta: desde el interior hasta el mar.

 Dos kayaks navegando por las aguas del fiordo de Alta, en el norte de Noruega.

De la costa a la tundra

Alta suponía también el final de una primera parte de la expedición.

Hasta entonces el viaje había estado muy ligado al mar: Tromsø, Lyngen, fiordos, navegación, pesca costera y ahora el descenso del Alta hasta el océano.

A partir de ahí empezaríamos a alejarnos de la costa.

La carretera nos llevaría hacia el interior, hacia Kautokeino y territorio sami, donde desaparecerían los grandes fiordos y aparecerían la tundra, los ríos interiores, los lagos, los renos y un paisaje completamente diferente.

Y sería precisamente allí donde el cielo empezaría a convertirse en otro de los grandes protagonistas del viaje.

Kautokeino: territorio sami y tundra ártica

Dejamos Alta y la costa para adentrarnos hacia Kautokeino, ya en pleno territorio sami. El cambio de paisaje fue evidente a medida que avanzábamos: desaparecían las grandes montañas que caían sobre los fiordos y aparecían extensiones de tundra, pequeños bosques de abedules, lagos y kilómetros de carretera atravesando un territorio cada vez menos habitado.

También cambió nuestra forma de movernos por el agua. Esta vez alquilamos una pequeña embarcación para recorrer parte del Kautokeinoelva, un río completamente diferente a los escenarios costeros de los días anteriores y donde la pesca tenía otro protagonista: el lucio.

Pasamos parte de la jornada recorriendo el río y pescando mientras descubríamos un paisaje completamente distinto al de los días anteriores.

Por la tarde dimos un paseo por los alrededores, con la tundra mostrando ya claramente los colores del otoño. 🍂

Parecía que el día no iba a dar mucho más de sí.

 Embarcación de pesca en el río Kautokeinoelva, rodeado por la tundra del norte de Noruega

 Atardecer sobre el río Kautokeinoelva durante una ruta por la tundra ártica de Noruega.

Un cohete en el cielo… y nuestras primeras auroras

Ya casi al anochecer, mientras estábamos en el interior de la autocaravana, algo extraño apareció en el cielo. Una enorme estela luminosa comenzó a expandirse sobre el horizonte formando una figura difícil de identificar a simple vista.

No parecía una aurora y durante unos minutos no teníamos demasiado claro qué estábamos viendo. Poco después descubrimos que se trataba de la estela dejada por el cohete Spectrum, lanzado desde el norte de Noruega. 🚀

La casualidad quiso que aquello fuera solo el comienzo de una noche bastante especial.

Estela del cohete Spectrum sobre el cielo de Kautokeino al anochecer

Poco después comenzaron a aparecer sobre el cielo unas luces mucho más discretas. Al principio apenas una tonalidad verdosa y algunas formas que parecían cambiar lentamente, hasta que ya no hubo demasiadas dudas.

Eran nuestras primeras auroras boreales. 🌌

No fueron las más intensas que veríamos durante el viaje —eso llegaría después—, pero sí tuvieron algo que ninguna de las siguientes podía repetir: eran las primeras.

En apenas unas horas, el cielo de la tundra nos había regalado la estela de un cohete y nuestras primeras auroras.

Y todavía nos quedaba por vivir la gran noche del viaje.

Primeras auroras boreales del viaje sobre la tundra de Kautokeino

Ávži y una cumbre con historia

A la mañana siguiente nos desplazamos hasta Ávži, cerca de Kautokeino, para realizar uno de los trekkings que teníamos previstos por el interior.

La ruta ascendía por un paisaje de tundra, pequeños lagos y vegetación ya completamente teñida por el otoño hasta alcanzar las zonas altas de Bealjášvárri. No estamos hablando de grandes altitudes, pero tan al norte la montaña se presenta de otra manera: prácticamente sin árboles y con enormes panorámicas sobre un territorio salpicado de lagos y pequeñas elevaciones. 🍂

Además del paisaje, aquella cumbre escondía una historia bastante particular. Allí se encuentra uno de los puntos relacionados con el Arco Geodésico de Struve, la gran cadena de triangulaciones realizada durante el siglo XIX para determinar con enorme precisión la forma y dimensiones de la Tierra.

El sistema llegó a extenderse durante más de 2.800 kilómetros, atravesando buena parte del norte y este de Europa hasta las proximidades del mar Negro. Hoy, una selección de aquellos puntos está reconocida como Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Encontrar uno de ellos en mitad de la tundra añadía un pequeño componente histórico y científico a una jornada que, en principio, habíamos planteado simplemente como una buena ruta de montaña.

Senderismo por una pasarela de madera entre la vegetación otoñal de la tundra cerca de Kautokeino, en el norte de Noruega.Caminando por la tundra ártica entre extensos paisajes de colores otoñales y lagos en los alrededores de Kautokeino, Noruega.

De Noruega a la Laponia finlandesa

Después del trekking volvimos a la carretera y cruzamos hacia Finlandia. Nuestro siguiente destino era Kilpisjärvi, ya en plena Laponia finlandesa.

Allí el protagonista volvía a ser el agua, pero esta vez sin kayaks ni embarcaciones. Aprovechamos las últimas horas de la tarde para pescar desde las orillas del enorme lago mientras iba cayendo el sol.

El paisaje era difícil de mejorar: agua prácticamente inmóvil, montañas recortándose al fondo y las últimas luces del día reflejándose sobre el lago.

Pero lo mejor todavía estaba por encima de nosotros.

La gran noche de auroras

Con la llegada de la oscuridad comenzaron a aparecer nuevamente las auroras.

Esta vez no tuvieron nada que ver con las tímidas luces de la noche anterior.

Las primeras formas verdes fueron ganando intensidad hasta convertirse en grandes cortinas que cambiaban continuamente de posición y forma. Durante algunos momentos las auroras se extendían de un extremo a otro y parecía difícil decidir hacia dónde mirar. 🌌

Sobre el lago, con las montañas completamente oscuras al fondo y prácticamente sin contaminación lumínica alrededor, el espectáculo fue creciendo durante la noche.

Era exactamente una de esas imágenes que todos llevábamos asociadas al Ártico antes de comenzar el viaje. Solo que verla allí, moviéndose realmente sobre nuestras cabezas, tenía bastante poco que ver con haberla visto antes cientos de veces en fotografías.

Aquella sí fue la gran noche de auroras del viaje.

Y después de varios días alejándonos cada vez más de la costa, nuestro recorrido iba a dar un giro inesperado.

En lugar de continuar hacia otro destino, decidimos hacer algo mucho más sencillo:

volver a Lyngen.

El fiordo que nos había impresionado al principio del viaje todavía nos estaba llamando. Y nos quedaba tiempo para regresar una última vez.

Aurora boreal sobre un lago en Laponia finlandesa, con la silueta de una persona observándola desde la orilla al caer la noche.Grandes cortinas verdes de aurora boreal extendiéndose sobre las montañas durante la noche en Laponia finlandesa.Intensa aurora boreal formando grandes cortinas verdes sobre el cielo estrellado de Laponia finlandesa.

Volver a Lyngen

Después de la noche en Laponia decidimos cambiar nuevamente los planes. El fiordo de Lyngen había sido uno de los lugares que más nos habían impresionado durante los primeros días y, teniendo todavía margen antes de regresar a Tromsø, nos apetecía volver una vez más.

Y mereció la pena.

Regresamos al agua para pasar otra jornada navegando entre las montañas y glaciares que rodean el fiordo. Volver varios días después no le había quitado absolutamente nada al escenario: Lyngen seguía siendo uno de esos lugares en los que resulta difícil decidir si mirar al agua o a todo lo que tienes alrededor. 🏔️

Esta segunda jornada tuvo además un protagonista especial.

Entre la pesca apareció un buen fletán, uno de esos peces que impresionan bastante más cuando los tienes delante que cuando los ves en una fotografía. Después de disfrutar de la captura y hacer las correspondientes fotos, volvió de nuevo al agua. 🎣

Era una buena manera de despedirnos del fiordo.

Pescador en una embarcación durante una jornada de pesca en un fiordo del norte de Noruega, rodeado de montañas bajo un cielo cubierto.Pescador sosteniendo un gran fletán capturado desde una embarcación, con las montañas y las aguas del fiordo noruego al fondo.

Finnsnes y regreso a Tromsø

A partir de ahí sí comenzaba definitivamente el camino de vuelta.

Nos desplazamos hasta Finnsnes, donde terminaba nuestra ruta por carretera, y desde allí continuamos en ferry hacia Tromsø. ⛴️

Volvíamos así al lugar donde había comenzado todo diez días antes. Después de más de 1.200 kilómetros, la llamada Capital del Ártico sería nuestra última parada antes de los vuelos de regreso.

Pasamos allí nuestra última noche y, al día siguiente, tocó cambiar definitivamente carreteras, montañas y fiordos por aeropuertos.

Cubierta del ferry entre Finnsnes y Tromsø, con la estela sobre el fiordo y las montañas bajo un cielo cubierto

Diez días por el Ártico

Mirando el viaje en conjunto, aquellos diez días habían dado para bastante más de lo que imaginábamos antes de salir.

Habíamos navegado y pescado entre las montañas de los fiordos de Lyngen, vadeado ríos, contemplado desde las alturas el enorme cañón excavado por el río Alta, recorrido unos 25 kilómetros en kayak desde el río hasta el fiordo, pescado en el mar, ríos y lagos, atravesado la tundra de Kautokeino, caminado entre los colores del otoño ártico, alcanzado uno de los históricos puntos del Arco Geodésico de Struve y cruzado hasta la Laponia finlandesa.

Por el camino aparecieron también renos, urogallos, charranes y eideres, mientras que bajo el agua fueron llegando bacalaos, caballas, carboneros, fletanes y lucios. También hubo tiempo para comer arándanos silvestres árticos directamente de la tundra, soportar temperaturas de apenas unos grados en el interior y descubrir paisajes completamente diferentes en apenas unos cientos de kilómetros.

Y llegaron las auroras.

Primero vimos nuestras primeras luces verdes sobre el cielo ártico. Después llegó aquella gran noche sobre Kilpisjärvi, cuando costaba bastante meterse a dormir y dejar de mirar al cielo.

Entre medias hubo kilómetros de carretera, kayaks, botas, cañas de pescar, vadeos, cambios de planes y muchos lugares que ni siquiera estaban previstos cuando comenzamos el viaje.

Diez días y unos 1.200 kilómetros recorriendo el Ártico, entre el norte de Noruega y la Laponia finlandesa, que terminaron exactamente donde habían empezado: en Tromsø.

Pero después de todo lo vivido entre medias, no parecía exactamente el mismo lugar.

Tres viajeros sentados sobre una cima rocosa, rodeados por la extensa tundra ártica bajo un cielo de grandes nubes, durante la expedición Magic Arctic Tour 2026.

 

Magic Arctic Tour 2026. ❄️

 

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