Expedición Río Marañón 2021 Parte 2

Por fin emprenden el viaje por las aguas marrones y caudalosas del río Marañón. 2 botes, 1 cataraft y 8 kayakistas componen la expedición, que recorrerá 250 km durante 9 días.

Los 2 Carlos, grandes expedicionarios, tienen el privilegio de llevar uno de los botes de carga junto con el kayak de repuesto. Algún percance con los oars harán alguna que otra suplicia en las costillas del leonés.

Julio el Trip Leader llevará el otro cargo.  Luigi y Vera irán en el cataraft, estéticamente el más bello, junto con el kayak de Vera, que les acompañará y guiará en los pasos más duros del río. 

Cataraft

El resto son meros salmonetes de plástico a merced de las olas.

Nada más empezar se ven sorprendidos y abrumados por los primeros rápidos. Son olas gigantes en formación atropellándoles a su paso bajo sus filas de dientes rompientes.  Y las contras, lugar seguro donde refugiarse, ya no son contras ni son seguras, son remolinos y boilers gigantes con la dirección del agua moviéndose en todas direcciones . Toda una maratón de pruebas para lo que no estaban acostumbrados, en un terreno de juego nuevo, que conlleva un nuevo aprendizaje a contrareloj de equilibrios, paladas y lecturas en aquel infierno marrón.

Tras algunos vuelques y caídas en agujeros, pronto se enfrentan a los primeros rápidos clase III+ y IV. 

Aquí la tensión ya empieza a vislumbrarse entre la gente. Lo primero que hacen es desembarcar en zona segura para «scoutearlos», término que utilizan allí para estudiarlos y decidir que línea afrontar. Desde fuera pueden percibir la intensidad de esas fauces.

Embarcan y se disponen cada uno en su línea. Gana por mayoría la más segura, lejos de los grandes huecos, aunque no libre de sustos. Los cargos no tienen más remedio que someterse a las líneas principales. Una persona sola a los mandos de los oars debe tener buen temple y buen angulo al enfrentar olas y huecos, también buenas manos. De lo contrario se verán todos abocados, en tropel, a desvolcar el bote con más de media tonelada de carga bajo el agua.

Poco a poco van tomándole el pulso al río y a los camps, y pronto comienzan las visitas a las comunidades nativas que viven en sus riberas y a explorar quebradas.

En un par de ocasiones se cruzan con embarcaciones a motor subiendo aguas arriba. Algunos pasajeros van a intercambiar mercancías a otros poblados. Otros son niños que van a la escuela. A pesar de la labor de concienciación, los patrones no siempre proporcionan chalecos de seguridad. Como consecuencia, todos los años muere gente ahogada al volcar dichas embarcaciones.
Paisaje desértico

La primera comunidad, Tuen, son apenas unas casas distribuidas sin ningún orden en mitad de los bosques de cañas de azúcar gigantes, así como de plataneros, algarrobos, árboles de palta… Primero suben a visitar unas viejas ruinas Incas, ascendiendo unos 200 metros de desnivel, desde donde se hacen una composición de aquel inmenso cañón. A la vuelta les esperaban para almorzar con un caldo de gallina que acababan de sacrificar para ellos. 

Al día siguiente, después de abandonar otro preciado camp, afrontaban nuevos rápidos, y luego llegó la visita a Mendán. Esta era una aldea más grande y organizada. Allí asistieron a la recogida de hojas de coca y bebieron agua de coco. Algunos integrantes ya iban con las tripas rotas y calzones manchados, nada que no se pudiera recomponer con buenas pociones de los paramédicos de la expedición. 

Casa árbol Comunidad Nativa
Fredy con niño nativo

Con otro campamento más a sus espaldas, al día siguiente conocen Tupen Grande, la mayor aldea visitada hasta entonces. A pesar de que las calles son de tierra, ya que no existe el asfalto en las aldeas, llega la preciada señal wiffi a cambio de 2 Soles. Algunos entran en el aula con los niños e improvisan la labor de maestro enseñándoles donde está España en el mapa. Finalmente disfrutan todos cuando salen los niños del aula y echan una pachanga de fútbol: España Vs Perú. Aunque muy reñido, ganan los locales. Sergio, maestro de educación física por vocación,  juega al voleibol con las niñas, que son auténticas competidoras. Nuestros exploradores también conocen la casa-árbol y columpios en los que juega aquella masa de niñ@s incorruptos y felices. También toman chelas con los nativos y se integran con ellos, conocen su modo de vida… en definitiva: VIVEN LA EXPERIENCIA.

Pero aún quedaba mucho río por delante, y penetrar en la profunda selva peruana.

Continuará…


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